La Voz del Interior @lavozcomar: La globalización post Covid-19

La globalización post Covid-19

Mientras la opinión pública internacional se concentra en el resurgimiento de los nacionalismos a través del debate por la producción y distribución de las vacunas, el mundo está experimentando una transición muy profunda en sus bases.

La “hiperglobalización”, este fenómeno particular que se consolidó en los años ’90 con la expansión e innovación de las redes de comunicación virtuales y físicas, así como también facilitó el ascenso de las cadenas globales de valor, está llegando a su fin para dar inicio a una nueva etapa cuyo término no está aún definido.

El analista Adjiedj Bakas, de la revista
The Economist
, fue quien en 2015 acuñó el concepto slowbalization para denominar la desaceleración de la globalización que hoy se percibe con más claridad por la recesión global y por los efectos de la pandemia. 

Existen indicadores para pensar que el debate central de la nueva economía global, más allá de los fundamentos de los economistas clásicos y sus datos cuantitativos, postulados sobre la democracia y sobre la equidad, estará en lograr una prosperidad inclusiva.

Existen tres áreas geopolíticamente definidas que tienen la capacidad de influir en la configuración del sistema mundial: Estados Unidos, la Unión Europea y el eje China-Rusia.

Cada uno de estos actores o coaliciones internacionales mantiene perspectivas diferentes sobre la nueva conformación de lo que llamamos mundo y sobre cuáles deberían ser las reglas de juego para el futuro. 

Argentina deberá enfrentar este escenario con pragmatismo y capacidad para adaptarse a un escenario futuro muy complejo. Las nuevas condiciones presentadas por la globalización post-Covid fuerzan a adoptar formas más dinámicas de relación que las diseñadas en el siglo pasado.

Los países en desarrollo volverán a jugar un rol determinante en la reconfiguración de la política internacional durante el próximo decenio, ya sea por la conformación de coaliciones o por su prioridad para la agenda de una superpotencia.

Casi una década atrás, un excanciller argentino compartía conmigo sus reflexiones y planteaba que el viento de cola para los países emergentes estaba llegando a su fin. Esto podría no ser tan así.

El regreso al multilaterealismo 

El fin de la era Trump está marcado por el regreso a las formas tradicionales de relacionamiento por parte del gobierno norteamericano a través del multilateralismo y de una presencia más activa en los organismos y foros internacionales (OMC, FMI, OMS, BID, G20 etc.)

Sin embargo, todavía resulta temprano definir si habrá un cambio sustancial en la política exterior norteamericana en temas como las relaciones con Cuba, con Taiwán, con sus vecinos (Canadá y México), con la Unión Europea (post-Brexit), con los estados latinoamericanos y, obviamente, con China, su mayor rival en la configuración de las nuevas reglas de juego post-Covid.

El primer paso fue su reingreso al Acuerdo de París, sobre medioambiente, y deberemos esperar varios meses y observar el desarrollo natural de la agenda demócrata para dar un diagnostico más certero de la administración entrante. 

Preguntas que surgen: ¿qué esperan las empresas norteamericanas, especialmente el sector tecnologías de la información y comunicación (TIC) del Gobierno, en esta nueva fase de la globalización? ¿Cuál es el rol que jugará el Estado para apoyar el desarrollo internacional de las firmas locales?

Son interrogantes que uno debe hacerse, ya que su comportamiento tiene impacto a nivel sistémico.

En los últimos años, Estados Unidos ha experimentado un retroceso en la recepción de inversión extranjera directa, y fue desplazado el año pasado por China ($ 163 mil millones hacia China, $ 143 mil millones hacia Estados Unidos durante 2020).

La rentabilidad exorbitante de las acciones de los gigantes tecnológicos norteamericanos ha ido desacelerándose en el último tiempo. La victoria de Biden podría marcar el comienzo de un cambio en los tipos de inversiones que impulsan el mercado en general. Las acciones de valor pueden volver a prosperar, mientras que las energías renovables pueden marcar una nueva tendencia en el desarrollo productivo del país. 

Stephen Wetheim, miembro del Instituto Saltzman sobre Estudios de la Guerra y la Paz de la Universidad Columbia, de Nueva York, plantea en un artículo para Foreign Affairs que Biden deberá adoptar una postura distinta de la que planteó en sus últimos días como vicepresidente, cuando en 2016 auguraba la sostenibilidad del orden liberal internacional bajo el liderazgo de Estados Unidos. 

A partir de los acontecimientos ocurridos durante los días de la sucesión presidencial, Wetbeim dijo: “Finalmente, es hora de cumplir con la demanda del público de hacer menos construcción nacional en el extranjero y más construcción en territorio norteamericano. Estados Unidos sigue siendo una nación indispensable para su pueblo. Sólo sirviéndole, podrá desempeñar un papel responsable en el mundo”.

Algo que he mencionado en un artículo anterior se ve plasmado en estas últimas reflexiones de muchos analistas norteamericanos. La nueva administración tendrá un gran desafío doméstico para resolver las demandas sociales. 

Europa, el pivot menos esperado 

La Unión Europea está atravesando una gran crisis por la pandemia, pero esto no evitó que avanzara sobre su reconversión a partir de la salida de Gran Bretaña. Alemania mantiene su liderazgo internamente, aunque compartiendo el binomio con Francia. Muchos nos preguntamos cuál será el rol del bloque regional más consolidado en la conformación de un sistema internacional post-Covid. 

Hoy el debate pasa por dos ejes: la relación transatlántica y China.

En los últimos años, la relación entre Europa y la administración Trump sufrió sus traspiés. Carl Blidt, ex primer ministro de Suecia, en un artículo recientemente publicado, plantea ciertas dudas sobre las posibilidades de poder volver al statu quo previo al gobierno republicano que, según su visión, generó disfuncionalidades en la relación. 

Asimismo, sostiene: “Europa no puede confiar en Estados Unidos para su defensa; China será más poderosa que Estados Unidos dentro de una década; Europa no debería tomar partido en un conflicto entre los dos”.

El sistema de integración regional político y económico está en transición y no puede convertirse en un terreno de disputa que afectaría la gobernabilidad de sus instituciones aún más de lo que están. Recordemos que los movimientos sociales vienen ascendiendo y las tensiones por la falta de estabilidad laboral en los países de la UE, tales como Italia, se han convertido en un elemento para tener en cuenta para la construcción en materia de política económica del colectivo europeo. Por otro lado, China y la UE han finalizado las negociaciones del Acuerdo Integral de Inversiones, el primero en su tipo, que fortalece los lazos entre ambas potencias.  

Globalización con características chinas 

Es sabido que, con la llegada de Xi Jinping al poder, la República Popular China ha ido tomando protagonismo en el diseño del sistema internacional, tanto en términos políticos como económicos.

Es prematuro afirmar grandes cambios en el corto plazo, más de los que acarreó la pandemia, pero la rivalidad entre Estados Unidos y China será un signo de nuestra era.  

Quienes nos formamos en décadas pasadas en carreras afines a relaciones internacionales sabemos que el principal enfoque teórico de la academia era netamente occidental. Hoy en día existe la oportunidad de acercarse más a enfoques alternativos para tener una comprensión holística de la construcción de la globalización a través de autores de otras latitudes.

Por ejemplo, Zhang Weiwei, especialista de la Universidad Fudan de Shangái, plantea una mirada crítica hacia la percepción hegemónica en Occidente y enfatiza: “China debe insistir en la sostenibilidad de sus decisiones, las cuales han obtenido un amplio consenso a nivel nacional, como fortalecer la autosuficiencia en los campos de la ciencia y la tecnología y acelerar el proceso de reunificación nacional, solución de la cuestión de Taiwán. Necesitamos insistir inquebrantablemente en esto. Tenemos todas las razones para buscar lo que llamo prosperidad mutuamente asegurada, en lugar de una destrucción mutuamente asegurada”.

En el futuro cercano, estas diferencias en la manera de concebir las relaciones internacionales tendrán más relevancia por el avance de la influencia asiática en otras regiones.

El megaproyecto de la Franja y la Ruta es mucho más que la instrumentación de una política exterior eficaz y ambiciosa por parte del Gobierno chino, es una reacción sistémica que impacta directamente en las formas de relacionamiento de los actores internacionales. Este programa impulsado por el Gobierno para fortalecer sus lazos económicos y políticos con otros países ha ido adaptándose desde su concepción en 2013.

La capacidad de adecuación y resiliencia parece ser una característica necesaria para poder beneficiarse de la globalización post-Covid. 

Por otro lado, mirando hacia Asia como región, existe otro hecho histórico que aconteció recientemente: la firma de la Asociación Económica Integral Regional (Rcep, por sus siglas en inglés), impulsada por China. Esta representa el tratado de libre comercio más grande del mundo.

Como The Economist ha advertido en sus últimos números, China viene avanzando en este último año con acuerdos de interés estratégico para consolidar las cadenas regionales de producción/distribución y así fortalecer los lazos económicos con sus pares.

Entre los sectores que se avizoran como los mayores beneficiarios de estos acuerdos, está el e-commerce, cuyo 44% del sector, según Forbes, está concentrado en cuatro compañías chinas.

En uno de sus últimos trabajos, Dani Rodrik, profesor de la Universidad Harvard, analizó la expansión del sector textil chino a través de los corredores comerciales impulsado por la nueva ruta de la seda y cómo estas empresas utilizan las plataformas comerciales online para desarrollar sus modelos de negocios amparados en los nuevos acuerdos. 

Por supuesto, la mayor expansión y diversificación de las empresas líderes en el sector TIC se ha vuelto un punto nodal para el desarrollo del liderazgo chino. Así lo destacó Xi Jinping hace unos meses en una de sus intervenciones públicas: “Sólo protegiendo estrictamente los derechos de propiedad intelectual podemos proteger eficazmente las tecnologías estratégicas para el desarrollo”. Sabias palabras de uno de los mejores entendedores de la nueva globalización.

En conclusión, la pandemia parece haber acelerado procesos que gran parte de la opinión especializada avizoraba, una globalización con mayor participación china y con su centro gravitacional en Asia.

Independientemente de los cambios en la retórica norteamericana, las problemáticas domésticas condicionan la posibilidad de una restauración del orden liberal con eje en Occidente. 

(*) El autor es miembro de la Universidad Nacional de Tres de Febrero. 

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