El Economista @El_Econ: Dólar: no confundir transitorio con permanente

Dólar: no confundir transitorio con permanente

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Por Juan Pablo Albornoz Analista en Ecolatina

¿Festejar la calma cambiaria? Algunos motivos hay. Entre diciembre y febrero se comprimieron las brechas, que pasaron del 80% al 60% promedio y el Banco Central compró casi US$ 1.400 millones. Sin embargo, las reservas netas solo aumentaron en poco más de US$ 100 millones. Si bien US$ 300 millones (7% de las escasas reservas netas actuales) fueron utilizados en el primer pago de intereses al FMI, el desacople entre el accionar del BCRA en el mercado de cambios y la recomposición de reservas netas es evidente.

Dólar: no confundir transitorio con permanente

Las artificialmente bajas cotizaciones del MEP y CCL son consecuencia de un fuerte accionar de la entidad. Los tipos de cambio que surgen de la operatoria del bono de referencia (AL30) están desacoplados del resto. Por caso, tomemos el GD30. El MEP y CCL de éste suelen superar, en promedio, entre 2 y 3 pesos a los del AL30.

¿Diferencias de plazo? Ambos bonos vencen en 2030. ¿Preferencia por un bono de legislación local frente a uno de legislación extranjera? La pregunta se responde sola. ¿Prima por liquidez? En promedio, cada semana de febrero tuvieron prácticamente el mismo monto negociado, son los dos bonos más líquidos de la plaza y representan más del 40% del monto negociado semanal en renta fija. El desacople es consecuencia de la pluma, o más bien martillo, del Banco Central. Pero no solo está desacoplado (además de subsidiado) el AL30, también lo está la política cambiaria. 

Por un lado, el BCRA mantiene un crawling peg del dólar oficial: algo así como una tablita que no es públicamente anunciada (aunque tal como deslizan al dólar oficial, deslizan algunos comentarios poco creíbles respecto al objetivo cambiario). Por otro lado, lleva a cabo una costosa flotación sucia en los mercados financieros vendiendo bonos en pesos y recomprándolos en dólares, pisando los tipos de cambio financieros y comprimiendo la brecha al dejar correr el oficial. Esto se vio reflejado en el déficit de US$ 300 millones de la cuenta “otros” de los factores de explicación de la base monetaria y explica, en parte, por qué no se recuperan las reservas netas. La presente calma cambiaria es costosa, pero lo preocupante es que sea transitoria.

El costo de esta política económica (que es política más que económica) quedará en evidencia de no lograrse un rápido acuerdo con el FMI que despeje vencimientos de corto plazo: solo en mayo hay vencimientos por más de la mitad de las reservas netas actuales. Se argumenta que podría cancelarse dicho vencimiento usando los Derechos Especiales de Giro de una nueva ronda de emisión de éstos, emisión que aun siendo confirmada, llevará tiempo en acreditarse en las arcas del BCRA.

El aspecto transitorio es la clave de la precaución que deben tener las autoridades de política económica, independientemente de si uno comparte la decisión de atrasar el tipo de cambio por motivos electorales con semejantes niveles de inflación. El mercado considera que los actuales tipos de cambio financieros están en niveles de compra más que de venta. Las expectativas argentinas son sumamente frágiles y en años electorales se les suma una dolarización por la incertidumbre que generan los comicios. La más mínima reversión de éstas llevaría a una disparada del blue y los dólares financieros como se vio en octubre del año pasado. Sin embargo, en esta ocasión encontraría a un Banco Central aún más limitado en su poder de fuego y, encima, forzado a contener la depreciación del dólar oficial por motivos políticos.

Esperemos que la calma sea permanente y no transitoria.

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