Los basurales y el deber de los vecinos
Las gestiones encaminadas a erradicar los basurales a cielo abierto parecen no terminar nunca. Son, en definitiva, diligencias enmarcadas en el convencimiento de que se trata de uno de los mayores problemas de contaminación ambiental que padecen miles de vecinos de la ciudad de Córdoba y sus alrededores.
Se trata de un desorden urbanístico que se expande de la mano de personas despreocupadas por la sana convivencia comunitaria y, lo que es más grave, de las obligaciones cívicas que rigen leyes y ordenanzas. Cualquier predio en desuso o una vereda sin cuidado pueden ser vertederos de mugre.
Si las cuadrillas del municipio limpian un terreno y a los pocos días vuelven y ven que otra vez el sitio desborda de desechos, algo no anda bien.
Lo mismo sucede cuando vehículos de “renta” descargan en predios públicos abandonados y sin ningún tipo de vigilancia, desde restos de poda hasta electrodomésticos pasados a retiro o muebles de gran porte que ya no sirven, como viejos roperos.
Si existen normativas específicas en tal sentido, se descuenta que las multas a los infractores deben ocupar un lugar destacado en los textos de rigor. Pero para detectar en flagrancia a quienes infringen los códigos de convivencia, es necesario un seguimiento de los predios que fueron limpiados.
Es ponderable la función que cumplen los centros vecinales, pero hay cuestiones que exceden su poder de acción, conferido a la seguridad urbana.
Los informes que venimos publicando sobre este fenómeno ambiental son significativos respecto de las conductas reincidentes en basurales que se limpian a fuerza de máquinas y cuadrillas y a los pocos días la postal de decadencia está de nuevo.
Vale aludir al informe periodístico sobre un episodio que, de alguna manera, simboliza el destrato sin remedio de mucha gente a la salubridad y a la convivencia civilizada. Señala la nota que el 17 de enero pasado La Voz recorrió la zona del este de la ciudad conocida como Bajada de Piedra y se encontró con miles de kilos de basura acumulada que, incluso, obstruían la calle.
Lo curioso y hasta descabellado del asunto se funda en que, al cabo de un trabajo de limpieza del sector por parte de la Municipalidad, 30 días después estaba todo como en un comienzo: desbordado de basura.
Otro escenario de abandono y a merced de la suciedad se observa en inmediaciones del complejo donde hasta finales de la década de 1970 funcionó la cervecería Río Segundo. Ambos laterales del bulevar Los Andes son testigos de la suciedad, lo que coloca en estado de alerta a los moradores de barrios de la zona. Dejadez y olores nauseabundos.
No está de más advertir sobre los efectos dañinos de estos focos para la salud de las personas, más aún en tiempos en que crecen los casos de dengue.
Según el municipio, quedan todavía decenas de basurales activos en Córdoba y en el llamado Gran Córdoba. Sólo la buena gestión y la conciencia ciudadana podrán revertirlo, para bien de todos.
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