El Cronista @cronistacom: Así es Encúpula, un fascinante espacio de arte en una antigua cúpula de Buenos Aires

Así es Encúpula, un fascinante espacio de arte en una antigua cúpula de Buenos Aires

En un ámbito como el del arte, en el que la vanguardia es la ley imperante, cuesta catalogar a algo como disruptivo. Pero el emprendimiento Encúpula definitivamente lo es. Nacido como el proyecto de tesis de Giorgia Alliata para recibirse de abogada, aborda el tema de la justicia en el marco más bello posible: una cúpula diseñada por los hermanos Bencich en las alturas del barrio de Retiro.

Aquí, Giorgia, también fotógrafa, inició el juego trabajando con el azul y el dorado a partir de químicos reveladores que activan los pigmentos, e interviniendo con ellos las distintas paredes del ambiente principal. «Me parecía importante mostrar la intersección entre el derecho y el arte a través de un espacio que nuclee ambas disciplinas», describe.

En este edificio histórico de 1927 realizó su obra directamente sobre la pared, trabajando en consonancia con la arquitectura ecléctica. El resultado no solo fue la aprobación de su tesis sino además el nacimiento de un entorno en el que hoy exponen los más diversos artistas, enriqueciendo su creación y generando nuevos diálogos.

Se dice que el mayor propósito del arte es incitar a la reflexión. Aquí, la idea inicial fue concientizar al público sobre la subjetividad en las percepciones y las concepciones de justicia. «En un presente de respuestas instantáneas, vale la pena recordar la dificultad de obtener respuestas inmediatas sobre qué es justo y qué es injusto, sobre qué es ‘lo suyo’ de cada quien. El concepto de justicia excede a los llamados protagonistas, al mundo de los abogados, jueces y académicos. El concepto involucra a toda persona que es parte de su significado», sostiene Giorgia. Y así, tiene mucho sentido que haya decidido invitar a todo tipo de artistas a continuar la exploración de estos conceptos.

Entre los siguientes que han dejado su obra en estas paredes se encuentran Ramón de Oromí, Benito Ekmekdjian, Cleo Stoutzker, Clara Z y Martín Rodríguez. A su vez, estos artistas aceptaron que su obra no necesariamente quedará intacta, sino que puede ser modificada por la próxima intervención. «Esto es una obra colectiva, porque está en constante mutación. Y está viva, porque depende de los artistas que vienen», relata Giorgia. En todos los casos, sin embargo, la premisa es mantener la ligazón entre arte y justicia y ver qué detona esa búsqueda en cada uno. «Creo que el arte permite destapar emociones mucho más profundas de lo que lo hace lo institucional o una norma jurídica», razona.

Lo fascinante del espacio también animó a Giorgia a expandir los horizontes. Por eso, cuenta con otros dos sectores en los que exponer otro tipo de arte. En un pasillo que conecta con otra sala se convoca a artistas instalativos. En este momento está presente la obra de Constanza Schwartz, quien permite entrar en un laberinto que despierta los cinco sentidos.

Mediante alternancia de luz, espejos y juegos ópticos se fragmenta la continuidad de lo vivido y «se oscila entre lo utópico y lo distópico». La premisa fue concebir la justicia como un concepto que, para comprenderlo, exige despojarse de muchos valores, y por eso invita a una abstracción completa en este pasaje.

Una vez atravesado este sector, se arriba a una sala más tradicional, en la que se presentan muestras colectivas con obra fija. Aunque tradicional no sea exactamente el adjetivo que mejor le cuadre a Encúpula: por estos días se expone «2 (Filo) Sofías», dos artistas llamadas Sofía -Bresler y Muljat- que trabajan con bastidores en círculo y rectangulares respectivamente, y que unieron su línea de expresión mediante una activación filosófica. «Entendimos que había dos filosofías presentes en el espacio y llamamos a un filósofo del derecho para hablar de los distintos puntos de vista del concepto de justicia», explica Giorgia.

Próximamente también expondrá en esta sala Sol Ramírez, una fotógrafa venezolana que registra en imágenes su vínculo con Buenos Aires.

Lo novedoso, rupturista y más fresco, aquello que contradice el statu quo, suele ser siempre lo más joven. Una regla que se comprueba en este proyecto, dado que todos los artistas que exponen son menores de 35. Giorgia cuenta que ha sido criticada por esto, pero que lo sostiene porque cree que este segmento es el que más visibilidad requiere. A la vez, su intención es abrir las puertas a artistas a los que no les sería fácil acceder a una galería clásica: aquellos con currículum cero. Otra razón por la que Alliata se despega de lo habitual en este mundo del arte y asegura que Encúpula no es una galería ni sus presentaciones son propiamente muestras, sino más bien experimentos para intentar poner en contexto ciertos temas y postular respuestas a través de la reflexión contenida en un tiempo.

Otro factor que convoca a la juventud a este espacio tiene que ver con su reivindicación del encuentro. Nacido post pandemia, el emprendimiento siempre pensó en la importancia de reunirse alrededor de las obras y enriquecerlas con la conversación e incluso con otras artes. Por eso, en Encúpula se realizan «activaciones», eventos que pueden ir desde un debate filosófico y una noche de vinilos y vino a un show musical como el de Tambor Fantasma, una banda de percusión experimental que toca a partir de lo que interpreta de las obras y que se ha convertido en un ciclo recurrente. Estos eventos pueden consultarse en la cuenta de Instagram, @encupula.

Además, el proyecto abre sus puertas para visitas los miércoles y jueves de 14 a 19 horas. Aquí suelen llegar no solo amantes del arte, sino sobre todo de las cúpulas porteñas, personas que toda la vida soñaron con subir a una y encuentran la forma de lograrlo. «Muchos vienen por el placer de subir a una cúpula y no les interesa el arte, pero terminan llevándose una idea distinta. El lugar te interpela para subir, pero lo de adentro también moviliza», apunta Giorgia.

Con 24 años y recién recibida de abogada, esta joven entrepreneur del mundo del arte está a punto de hacer las valijas para irse por dos años a Columbia University a hacer un Master of Fine Arts. Aunque su recorrido académico no tiene que ver con el arte, fue aceptada gracias a la presentación de este proyecto. «Mi ejercicio de la abogacía va a consistir en abogar por el arte», sonríe.

Lo hará incluso a la distancia, porque armó un equipo con el que mantener abierto Encúpula, que ya es una fundación sin fines de lucro (de hecho, no son intermediarios para vender lo expuesto, sino que lo hacen los mismos artistas). Se mantendrán las visitas semanales y también los eventos mensuales.

¿El sueño de Giorgia para el proyecto? Que sea la primera sede de muchas. Que haya distintas cúpulas por el globo en las que generar espacios de reflexión colectiva. «Mi proyecto para Columbia es hacer una fundación Encúpula en Nueva York. Quiero seguir habitando espacios circulares en todo el mundo».

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